Valores comunitarios: ¿predicamos con el ejemplo?

Norah Franco y Jorge Zuloaga

En una institución educativa se llevó a cabo el sencillo experimento que se describe a continuación. Los alumnos fueron divididos en dos grupos, de igual tamaño, formados al azar. Al primer grupo se le informó que para festejar el aniversario de la institución se pretendía organizar un viaje de estudios, y se pidió que quienes estuvieran interesados en participar se anotaran en una lista, a fin de saber si había suficientes candidatos para llevar a cabo el mencionado viaje. El resultado fue el siguiente: casi todos los alumnos se anotaron. Al segundo grupo se le informó que, para festejar el aniversario, iba a realizarse un evento especial, que consistiría en organizar brigadas de ayuda a comunidades de escasos recursos. Los integrantes de este segundo grupo también fueron invitados a anotarse en una lista, para tener idea del número de candidatos disponibles para el proyecto. El resultado fue que solamente tres alumnos se anotaron.

Algunas características distintivas de los jóvenes de hoy

El experimento citado confirma lo que la experiencia diaria nos muestra: en nuestra sociedad, y de manera particular entre los jóvenes, se manifiesta una creciente tendencia al individualismo, al egoísmo, a la ley del menor esfuerzo, a lo fácil y a la búsqueda de la satisfacción instantánea de los deseos y caprichos. Ese centrarse en la satisfacción personal provoca una pérdida de conciencia de los problemas, las necesidades y las carencias en las que están inmersos muchos de los integrantes de la propia comunidad. Sin embargo de la misma manera que se perciben esos aspectos negativos, es posible detectar también las múltiples habilidades, la agilidad de pensamiento, la creatividad y la disposición a experimentar y romper barreras que caracterizan a muchos de los jóvenes de hoy. Esta mezcla de cualidades y deficiencias debe llevarnos a buscar mecanismos que nos permitan ayudar a nuestros hijos a aprovechar al máximo esas cualidades y superar la tendencia a centrarse en sí mismos, que los lleva a cerrarse a la solidaridad con los demás.

El primer paso

Resulta fácil afirmar que los cambios en la manera de pensar y actuar de los jóvenes se deben a la influencia del entorno y de los medios de comunicación, con lo que evadimos la responsabilidad que tenemos los padres y los educadores. Como padres, podemos lograr mejores resultados en la educación de nuestros hijos si con toda honestidad nos preguntamos: ¿Hasta qué punto somos nosotros los responsables de que estos cambios estén ocurriendo? Hay estudios que demuestran que lo que se escucha, se observa y se experimenta tiene un impacto seis veces mayor que lo que solamente se escucha. Si alguien se limita a hablar de valores comunitarios y ayuda a los demás, pero sus acciones no van enfocadas en esa dirección, difícilmente va a influir en quienes lo escuchan. Si de verdad se desea que los hijos vivan los valores de la solidaridad, la ayuda comunitaria y la conservación del entorno, tienen que ver a sus padres y educadores realizar acciones que vayan en esa dirección.

Todo un potencial por descubrir

Los jóvenes suelen ser entusiastas y entregados cuando se les ayuda a descubrir por sí mismos el valor de la solidaridad. Tuvimos la oportunidad de experimentarlo, como muchos otros papás, cuando uno de nuestros hijos “tuvo que hacer” su servicio social, más forzado por los requisitos de su programa de estudios que por gusto. Eligió como opción, participar en una organización enfocada a apoyar a jóvenes con síndrome de Down. Lo que en un principio fue visto como una obligación, pronto se convirtió en un esperar con ilusión el fin de semana, para poder ayudar, aportar, ser útil y contribuir de alguna manera a alegrar la vida de otras personas. El contacto con una visión diferente de la vida operó una verdadera transformación en nuestro hijo, porque pudo experimentar en carne propia la realidad del dicho “se es más feliz al dar que al recibir”. Hay evidencias de que cuando los jóvenes participan en experiencias de ese tipo descubren un potencial del que antes no tenían plena conciencia, al darse cuenta de que algunas de sus acciones, que para ellos son de poca importancia, pueden ser de gran ayuda y trascendencia para otros. Lo anterior quedó refrendado en la siguiente aseveración, hecha por una persona joven: “¡Qué diferente podría ser nuestra ciudad si cada una de las personas que la habitamos nos propusiéramos hacer algo, aunque fuera una acción pequeña o sencilla, para alegrar la vida de otra persona!”

Nuestra labor empieza en casa

Si como padres y educadores queremos contribuir a que los jóvenes no se encierren en el egoísmo que predomina en el medio y a que, por el contrario, participen más activamente en favor de su comunidad, podemos ayudarlos de muchas maneras.

1. Dando ejemplo

Siempre hay oportunidades de participar: en la asociación de padres de familia, en la colonia, en la parroquia o en grupos de ayuda comunitaria. Si los hijos ven que sus padres no participan y que son evasivos cuando se les invita a participar, o los oyen argumentar que no tienen tiempo más que para su trabajo, van a estar más influidos por esas acciones que por sus palabras.

2. Hablando del tema en casa
Es importante que los hijos sepan que sus padres se preocupan por lo que ocurre en la comunidad y que se interesan en el tema, por lo que hay que comentar las situaciones problemáticas, analizarlas y buscarles solución. Es importante hacer que los hijos reflexionen sobre los problemas, expresen su manera de pensar y aporten ideas al respecto, pues eso crea en ellos conciencia comunitaria.

3. Participando como familia.
Hay quienes han vivido la experiencia de participar como familia en actividades de servicio social, como ir a misiones, colaborar en el acondicionamiento de locales escolares, llevar ayuda a comunidades marginadas y participar en programas de alfabetización. Los resultados han sido extraordinarios: se ha logrado una mayor integración y convivencia familiar y se ha tenido una serie de vivencias y experiencias positivas que han ayudado a todos los miembros de la familia a crecer como personas.

4. Animándolos a que vivan la experiencia.
Los planes de estudios actuales exigen actividades de servicio comunitario; a veces, los jóvenes se resisten a ellas o sólo buscan cumplir con el requisito. Si los padres hablan con ellos, los animan a elegir una actividad que los rete, los instan a vivir intensamente esa oportunidad y, una vez comenzada la actividad, se muestran interesados en ella preguntándoles sobre lo que han vivido y aprendido, generalmente se logra que lo que era un mero requisito se convierta en una verdadera experiencia de crecimiento.

El autor es licenciado en sociología y en economía, cuenta con maestría en administración y en desarrollo organizacional, y es consultor de empresas. La autora cuenta con estudios en Desarrollo Familiar. Correo electrónico: dffac@axtel.net