Peligros potenciales de las bebidas energizantes.

Joyce Jocelyn Velázquez Mendieta.

En los últimos años ha crecido la polémica sobre las bebidas denominadas energizantes, debido a que la publicidad generada en torno a ellas afirma que tienen propiedades artificiales para obtener un alto rendimiento durante el ejercicio físico.

La Comisión del Codex de Nutrición y Alimentos para Usos Dietarios Especiales, en su vigésima tercera sesión realizada en Berlín, Alemania, el 30 de noviembre de 2001, definió el término “bebida energética” como "una bebida utilizada para proveer alto nivel de energía proveniente de los carbohidratos –y también de las grasas y las proteínas- al cuerpo, pero que no intenta compensar la pérdida de agua y minerales debido a la actividad física". Sin embargo, el término de energía utilizado en el nombre y descripción de algunos productos que actualmente están en el mercado se refiere a cierto efecto farmacológico de algunas sustancias activas, y no a la provisión de calorías derivadas de los nutrientes que contienen. Esto puede crear confusión en los consumidores.

Si bien es cierto que las bebidas energizantes actúan como suplemento calórico durante el ejercicio aeróbico, es un hecho que carecen de regulación por parte del Sector Salud, aunque desde su lanzamiento han generado efectos adversos en quienes las consumen excesivamente. Estas bebidas contienen sustancias que pueden causar adicción y, sin embargo, no se venden como medicamentos ni requieren receta médica para su consumo (GSSI, 2001).
Los carbohidratos son el principal combustible para la mayor parte de los ejercicios, por lo que se han comercializado numerosas bebidas con alto contenido de estas biomoléculas. Las bebidas deportivas más populares en México contienen entre el 5% y el 10% de carbohidratos, o sea entre 14 y 18 gramos por cada 250 mililitros. Estas bebidas son, en general, una mezcla de glucosa, fructosa, sucrosa y polímeros de glucosa que aportan desde 6 hasta 12 kilocalorías por cada 30 mililitros; contienen, asimismo, electrolitos como sodio, cloro, potasio y fósforo y pueden incluir otras sustancias como vitaminas B y C; minerales, como calcio y magnesio; fármacos, como cafeína y ginseng; y aditivos, como colorantes y saborizantes artificiales (Williams, 2006). Estas bebidas pueden ser de gran utilidad cuando se consumen durante la primera hora después de haber hecho ejercicio o dos horas antes de una actividad o competencia, para permitir su digestión y absorción óptima.

Por su parte, las bebidas energéticas tienen un alto contenido de estimulantes del sistema nervioso central; en su mayoría tienen, además de carbohidratos y electrolitos, ingredientes como los que se mencionan a continuación: cafeína, taurina, ribosa, ginseng, carnitina, guaraná, proteínas, piruvato, cromo, oxígeno estabilizado, inositol y glucoronolactona. Algunos estudios realizados por la Secretaría de Salud demuestran que las bebidas con estos compuestos son inocuas para adultos sanos en dosis no mayores de dos unidades diarias; sin embargo, su consumo en exceso o por personas sensibles a la cafeína, causan síntomas como insomnio, nerviosismo, ansiedad e, incluso, alteraciones de la tensión arterial y el ritmo cardiaco.

La cafeína –de la que estos productos tienen entre 70 y 85 miligramos por cada 240 mililitros, según la marca-, además de ser un estimulante del sistema nervioso central tiene un efecto laxante y diurético, lo cual deteriora el rendimiento físico y causa más un perjuicio que un beneficio real, pese a que su consumo en dosis de 6 miligramos diarios favorece la resistencia en ejercicios aeróbicos en atletas de alto rendimiento.
Por otra parte, se piensa que las semillas de guaraná u otras formas sintéticas de cafeína son más “sanas” que la cafeína pura, lo cual es un mito ya que la mayoría de las veces no se sabe la cantidad exacta de cafeína u otros compuestos que las bebidas contienen. Además, la dosis de cafeína no siempre aparece en la etiqueta de ingredientes de los productos, lo que pone en peligro la salud de los consumidores y, sobre todo, pone en peligro la calidad del trabajo de los atletas, debido a que la ingestión de una alta dosis de cafeína se considera doping (Williams, 2006).

Aunque del piruvato, –presente en algunas bebidas energizante-, se dice que es un agente positivo en la quema de grasas y en la prevención de la fatiga, también se le han atribuido propiedades no benéficas o peligrosas, porque causa malestares gastrointestinales. De la glutamina, que es otro de los ingredientes utilizados en las bebidas energizantes, se cree que genera respuestas positivas en el sistema inmune así como en el almacenamiento de glucógeno en la etapa de recuperación después del ejercicio físico; sin embargo, se ha demostrado que, en combinación con otros compuestos de las bebidas energizantes, no genera ningún efecto favorable, sobre todo si está combinado con carbohidratos. La taurina al igual que la cafeína, ocasiona cambios desfavorables en el sistema nervioso central además de aumentar la actividad contráctil del corazón; a pesar de ello, algunos expertos se declaran “a favor” de la taurina en las bebidas energizantes porque es un buen agente antioxidante.

La publicidad de estas bebidas promete beneficios en el rendimiento deportivo o en la actividad física –tales como “darles alas” e incrementar su respuesta motora-, a los posibles compradores, pues como se explicó, modifican la actividad del sistema nervioso central además de que sus compuestos favorecen la utilización de los sustratos para obtener mayor energía y actúan benéficamente en los músculos o en la quema de grasas. A pesar de que muchos de sus componentes tienen realmente esas propiedades, también es cierto que en combinación con otros compuestos o simplemente por su biodisponibilidad en las bebidas, no generan cambios útiles ni benéficos. La promoción de estas bebidas habla también de su capacidad de reducir los efectos del alcohol al combinarlo con ellas, ya que eliminan sus efectos depresores y sedantes. Esto es un engaño a la población, sobre todo a la juvenil, porque esas bebidas simplemente ocasionan un retraso en la aparición de esos efectos –que tarde o temprano van a aparecer- con lo que promueven un mayor consumo de alcohol.

Hay que tener en cuenta que hay muy poca regulación para la producción y venta de estos productos: no existen normas de estandarización para sus ingredientes y en muchas ocasiones no aparecen en las etiquetas del producto, lo que puede dar como resultado una reacción alérgica, doping, disminución del rendimiento y trastornos cardiovasculares o en el sistema nervioso central. Debido a la poca información y a las grandes campañas publicitarias se le han atribuido grandes beneficios a estas bebidas en combinación con otras sustancias, lo cual es un engaño, por lo que no debe combinárseles con bebidas alcohólicas. Hay que tener en cuenta de que, en caso de consumir una bebida energética, debe de evitarse su consumo excesivo (Burke & Deakin, 2006).

Referencias utilizadas

Gatorade Sports and Science Institute:
http://www.gssiweb-sp.com/reflib/refs/223/re-34.cfm?pid=38&CFID=6197192&CFTOKEN=79568422.


Williams, M., (2006), Nutrición para la salud, condición física y deporte, Mc Graw Hill, Séptima edición.

Burke, L., Deakin, V., (2006) Clinical Sports Nutrition, Sport Medicine Series, Third Edition Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios: http://www.cofepris.gob.mx/bv/comunicados/b23.pdf.

CV
La autora actualmente estudia la carrera de Licenciada en Nutrición y Bienestar, en el Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México, en donde ha desempeñado la labor de presidente y fundador de la sociedad de Alumnos de Nutrición y Bienestar Integral (NUTRIBIT), además de ser la representante general de la coordinación de imagen de la semana de Ciencias de la Salud. Dirigió el día de nutrición y meditec en el campus Ciudad de México y gano el reconocimiento del consejo estudiantil por parte de la FEITESM 2007